Reseña
Colombian Girl
- Diva: Colombian Girl
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Divometro:
Excelente
Autor: El mágico
#ColombianGirl #CDMX
• Diva: Cyn ( Colombian Girl )
• País de origen: Colombia
• Arancel: $3,000 MXN la hora (cuenta con varios extras)
• Servicio incluye: Oral natural, trato de novios, besos bien dados, relaciones ilimitadas dentro del tiempo contratado, caricias y faje.
• Lugar: Hotel Pasadena (CDMX)
• Fecha: 28 de mayo de 2026
• Puntualidad: “La puntualidad es la cortesía de los reyes”… y ella, sin duda, es una Reina.
• Reseña:
“La belleza de la mujer colombiana no solo se admira, se siente. Es una combinación perfecta entre la dulzura de su trato y la fuerza inquebrantable de su espíritu.”
Relato de la Experiencia: Ya había visto a Cyn en X (antes Twitter), pero por una u otra razón, cuando estuvo en CDMX yo ni enterado. Revisando nuevamente la red, me doy cuenta de que se encuentra en la ciudad, así que le mando mensaje para pedir la información pertinente. Para mi mala suerte, su agenda estaba completamente llena, así que me resigné y me dispuse a ir a comer con unos amigos.
Durante la comida, un compañero asiduo a comulgar con las deidades de la noche me comenta que a Cyn se le había liberado un espacio y lo había anunciado en sus redes. En chinga, detuve mi navegar en el mar de copas y le envié un mensaje. Me proporcionó la información, acordamos los pormenores y sellamos el destino con el depósito solicitado.
Al fin llegó el día. Me dirigí al Hotel Pasadena y, en el camino, le envié un mensaje avisándole que iba en camino y preguntándole si deseaba que le llevara algo de beber. Amablemente, me pidió solo agua mineral. Pasé al 7-Eleven rápidamente y llegué al hotel. Pedí la habitación —siempre es agradable caminar por el pasillo y ver a las chicas que van entrando o saliendo de sus citas—, encontré mi habitación y me dispuse a realizar la higiene adecuada para recibir a la diva: ducha, limpieza dental, desodorante y loción.
Para ambientar la ocasión, puse como música de fondo a Eladio Carrión: ¡Sen2 Kbrn! Brrrrr. Me vestí de nuevo y, mientras esperaba su llegada, disfruté de un cigarrillo. Ella siempre estuvo en contacto, avisándome que en unos momentos más estaría conmigo. Cabe aclarar que siempre trato de llegar con tiempo para cualquier imprevisto.
Recibí el mensaje de Cyn solicitando el número de habitación y, en menos de 5 minutos, escuché que tocaban la puerta. Al abrir, me llevé la grata sorpresa de que es mucho más bella en persona; las fotografías se quedan cortas. Llevaba un vestido corto con unas botas largas negras que la hacían ver espectacular. Se acercó a mí y su aroma me embriagó; el dulce sabor de sus labios corrió por los míos. La tomé de la cintura un instante, nos separamos y la invité a tomar asiento mientras le servía un poco de agua mineral con hielo. Lo tomó mientras fijaba su mirada en mí.
Se levantó y pasó a cambiarse al sanitario. Mientras esperaba, recostado en la cama, comentaba cosas triviales de la ciudad. Guardó silencio y salió con un conjunto negro, conservando las botas largas. Comencé a imaginar mil escenas de dónde debería colocarlas. La tomé de la mano, la acerqué hacia mí y la besé con el hambre de quien encuentra un hogar en el exilio.
Le pedí que se colocara en 4 sobre la cama mientras me despojaba de mi ropa. Acaricié sus nalgas, las recorrí con mi lengua hasta llegar a su intimidad; con mis dedos hice a un lado la delicada braga y me sumergí para calmar una sed pecaminosa. Solo escuchaba cómo el ritmo de su respiración aumentaba. Me detuve y le pedí que se colocara de espaldas. Recorrí sus piernas bronceadas con mis manos, acaricié su pecho y observé tan line. Miré su rostro, vi su sonrisa y nuevamente me lancé al vacío de su intimidad para saciar mi sed, mientras colocaba mi mano alrededor de su cuello de manera firme y escuchaba un suspiro.
Levanté un poco la mirada y me dijo: “¿Cómo supiste?”. A lo que respondí: “Sé reconocer a los míos”. Sonrió y dejó caer su cabellera roja hacia atrás; la firmeza de mi mano no disminuyó.
Le pedí que se colocara de nuevo en 4, acerqué mi pene a su rostro y con una bofetada le indiqué que debía tragarlo sin usar las manos. Comenzó el vaivén de su rostro; sujeté su cabellera, observé cómo escurría la saliva de su boca y escuché cómo se ahogaba, mientras con mi otra mano acariciaba su pecho y nalgueaba su trasero. La detuve y le pedí que se recostara.
Acaricié su intimidad con mis dedos y percibí la humedad en su ser. Me coloqué el preservativo, la tomé de la cintura y lentamente entré en su ser. Apreté sus pezones, coloqué nuevamente mi mano en su garganta y comencé a aumentar el movimiento de mis caderas. Ella me envolvió con sus piernas. Me detuve, la tomé de la mano y le pedí que se recargara en la base del lavamanos. La tomé por la espalda, tomé una de sus manos y la coloqué sobre su espalda mientras mi otra mano presionaba su cabeza sobre la base del lavamanos. Solo escuchábamos nuestro placer. La solté y me aferré a sus caderas.
Nos detuvimos y la coloqué de nuevo en 4 sobre la cama. Me coloqué por detrás, la tomé de la cintura y nuevamente me adentré en su ser. Ella levantaba su trasero cada vez más; veía sus manos apretar las sábanas y escuchaba nuestros gemidos. Con el espejo al frente, nos observábamos en el acto; cada vez, nuestro ritmo era más frenético. Tomé una pausa y le pedí que me montara. Me recosté, se colocó sobre mí, tomó mi pene y lo introdujo.
Comenzó despacio y fue aumentando la velocidad; sus palmas sobre mi pecho, mis manos en sus nalgas. Colocó su pecho en mi rostro y, entre un pezón y otro, fui saboreándolos. Sujeté su rostro y se inclinó a probar mis labios. Aumentó la velocidad de su cadera; comencé a sentir la humedad en mi cadera y al fin llegó la muerte chiquita.
Nos fundimos en un abrazo y, lentamente, fuimos deteniéndonos. Tomamos aire. Me retiré de su interior y ella me ofreció toallitas para limpiarme. Vi el reloj: solo quedaban 5 minutos. Fue ahí donde le dije a Cyn: “¡Soy un pendejo! ¿Por qué no tomé las 2 horas?” ¡Coño! Jajaja. Nos reímos. Pasó a la ducha mientras yo encendía un cigarrillo. Comenzamos a platicar de sus planes; terminó de vestirse y procedí a darle los honorarios de su servicio. Quedamos en vernos nuevamente a su regreso y nos despedimos con un beso.
Mientras tanto, tomé asiento y traté de entender por qué carajos no tomé la otra hora cuando tuve la oportunidad.
“Una multitud de pequeños placeres constituyen la felicidad”… y sin duda, conocer a Cyn trae una gran parte de ella.