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Reseña

Valery Rojas

Autor: El mágico

#ValeryRojas #CDMX

Diva: Valery Rojas
País de origen: México
Arancel: $3,000 la hora
Servicio incluye: Trato de novios, besos bien dados, 2 relaciones dentro del tiempo contratado, oral con protección, caricias y faje, masaje. Nota: Si lo solicitas, puede llevar lencería de tu preferencia. Oral natural: $$$ (no pregunté). Anal: $$$ (no pregunté).
Lugar: Liebe
Fecha: 13 de mayo de 2026
Puntualidad: “La puntualidad es la cortesía de los reyes”… y ella, sin duda, es una reina.

Reseña:

Una experiencia para recordar en la CDMX.

Ya la había visto anunciada en La Boutique VIP. Para mi sorpresa, también aparecía en el Telegram de DIVAS VIP, con interacciones que despertaban mi curiosidad. Sus fotos, maldición, en ellas reconocí la forma perfecta de saciar mis instintos más básicos. Le escribí para conocer los detalles y, por fortuna, estaba disponible a la hora que deseaba. Acordamos lugar y cita.

Por la tarde, le confirmé. Todo en orden. Me dirigí al hotel Liebe, le compartí mi ubicación en tiempo real, llegué y me instalé. Seguí el ritual de siempre: baño, limpieza profunda, loción y me vestí de nuevo para esperarla.

Seleccioné la playlist: Travis Scott sonaría de fondo. Encendí un cigarrillo, me recosté y cerré los ojos. Minutos antes de la hora pactada, el recepcionista me anunció su llegada.

EL ENCUENTRO
Tocó a la puerta. La abrí, y carajo.

Unos ojos oscuros, profundos como pozos sin fondo, me miraron desde el umbral. Una sonrisa perfecta, traviesa, iluminó su rostro. No quise apartar la mirada. Nunca.

Su cabello cayó sobre un hombro mientras se inclinaba para saludarme. Un aroma dulce y embriagador me envolvió. Y entonces, sus labios rozaron los míos.

—Pasa —dije, con la voz más ronca de lo que esperaba.

Ella ya vestía un outfit que dejaba poco a la imaginación. Pero pidió un momento para cambiarse. Pasó al baño. Yo volví a sentarme, encendí otro cigarrillo, y esperé.

Cuando salió, mi corazón dio un vuelco.

Lencería de encaje rojo y negro. Su piel blanca brillaba bajo la luz tenue. Me miró de reojo mientras retocaba su maquillaje frente al espejo y yo ya no podía respirar.

Caminó hacia mí. La tomé del rostro.

Entonces comenzó el diálogo mudo. Labios que pronunciaban deseos que las palabras jamás alcanzarían. Sus manos recorrieron mi pecho, las mías su cintura. La recosté en la cama, separé sus piernas largas y suaves —aún con los tacones puestos— y bajé mi boca hasta su intimidad.

EL FESTÍN
Comencé a recorrerla con la lengua, lentamente, saboreando cada centímetro. Sus caderas se movían al compás de mis caricias. La humedad no mentía. Aceleré el ritmo, mientras mis manos acariciaban sus pechos. La vi morderse los labios, aferrarse a las sábanas.

Entonces me detuve. Busqué su boca. Un beso largo, húmedo, profundo.

Ella me recostó. Tomó el preservativo y lo colocó con sus labios, lentamente, saboreando el momento. Comenzó a moverse con firmeza, su saliva escurriendo por las comisuras. Un escupitajo sobre mi miembro. Luego, lo tragó entero.

Mis manos en su cabello.

—Ven aquí —le pedí, y ella sonrió.

LA BESTIA                         
Se puso en cuatro frente al espejo. Tomé su cadera con violencia y la penetré sin piedad. Ya no era un hombre; era una bestia hambrienta. Aumenté la velocidad, la sujeté de sus nalgas enormes y dejé mi marca en su piel. Me retiré un instante para probar su dulzura con la boca, sabor a miel, aroma a pecado.

Volví a tomarla por la cintura. Entraba y salía, a veces duro, a veces suave, mientras mis dedos recorrían su espalda hasta llegar a su cuello. La sujeté firmemente.

Ella sonrió:
—Más— Y yo se lo dí...

La recosté. Mojé mi pene en su intimidad, golpeando sus labios inferiores con frenesí. Ella pidió que entrara. Lo hice. Separé sus piernas, lamí sus pies, subí por sus piernas mientras la embestía sin control. Sus senos en mis manos como si de ellos dependiera mi vida.

Sujeté sus manos. Las inmovilicé. Aumenté el ritmo.

LA REINA CABALGA
Se puso arriba.

Comenzó a cabalgar como toda una diosa, sujeta a la cabecera, ofreciéndome sus pechos para que los lamiera. Se puso en cuclillas, subía y bajaba con furia. Tomé su mano izquierda y la coloqué en mi cuello.

—Domíname —le susurré.

Me abofeteó. Suave, pero firme. La otra mano azotaba mi rostro a su antojo. Sus sentadillas se volvían más profundas. El sudor nos cubría, el aire acondicionado no daba abasto.

En un movimiento rápido, se giró. Su trasero devoraba mi pene. La tomé de la cadera y nos movimos al unísono, veloces, salvajes. Azoté sus nalgas. Sus gemidos me encendían más.

La puse en la esquina de la cama. Bajé para saborearla de nuevo. La tomé suavemente mientras acariciaba sus pechos y mis dedos llegaban a su boca. Ella los chupaba con lujuria. Aumenté el ritmo de mis caderas.

No podía parar.

Su sonrisa. Su voz.
—Más, más, más…

EL ÉXTASIS
Nos ahogamos en un suspiro. La abracé fuerte. Terminé dentro de ella y sentí cómo palpitaba, cómo apretaba mi pene con movimientos suaves.

Ese instante, abrazados, es uno de los más deliciosos que existen.

Me retiré sujetando la base del preservativo. Me recosté a su lado, ella me abrazó. Recuperamos el aliento entre risas y palabras sin importancia. Sacó toallas húmedas y me limpió con ternura.

—¿El masaje? —preguntó.
—Mejor hablemos —respondí.

Y así lo hicimos, mientras veía su figura desnuda caminar hacia la regadera. Desde el cristal, seguí admirándola.

Salió, se vistió. Me besó de nuevo. Cobró con una sonrisa.

—Nos vemos pronto —dijo.

Y se fue.

Encendí un cigarrillo. Tomé asiento. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi rostro. Por un instante, todo lo que existía fuera de esa habitación dejó de importar.

Valery Rojas. Una experiencia para repetir.

 CDMX · Liebe
 Una reina en todo sentido.

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