Reseña
Roma Ferro
- Diva: Roma Ferro
-
Divometro:
Bueno
Autor: mifune
#RomaFerro #CDMX
• Diva: Roma Ferro
• País de origen: Argentina
• Arancel: $3,200
• Servicio incluye: Trato de primer nivel, besos reales, abrazos, caricias, oral mutuo, dos relaciones
• Lugar: Pasadena
• Fecha: Diciembre 2025
• Puntualidad: 9.9
• Reseña:
Omnes viae Romam ducunt (Todos los caminos conducen a Roma)
Crónica de un encuentro al desnudo
Pasó un poco más de 12 meses antes de que el encuentro tuviera lugar. Con el transcurso del tiempo el deseo de él por ella iba en aumento y no cesaba de crecer conforme veía las imágenes publicadas por la bella mujer y leía las publicaciones y reseñas sobre ella. La idea de estar con ella, besarla, abrazarla, tocarla, morder su cuello y sus preciosas nalgas, penetrarla apasionadamente le hacía sentir una ardiente atracción.
Durante poco más de un año estuvo planeando realizar un viaje a la gran capital y así realizar su deseo. Sin embargo, siempre surgía algo que se lo impedía y en las dos o tres ocasiones que pudo emprender el viaje diversos eventos surgían como necios obstáculos. Por fin, cuando arreglo sus asuntos para emprender el trayecto, nuevamente como un terco destino, se encontró con que la preciosa mujer había hecho una gira a una ciudad bastante lejana a la capital. ¡Maldición! exclamó. Bueno, lo dijo con palaras mucho más fuertes que no evocaré aquí.
Tuvo la tentación, en repetidas ocasiones, de masturbarse delante de esas imágenes que mostraban la estética armonía de su anatomía femenina: unas piernas largas y bien torneadas, tan largas como si no tuvieran fin, su lindo y apetecible trasero, su pequeña cintura y su largo cabello, unas veces claro, otras oscuro, sus rebosantes pechos. En fin, resistió a la tentación y optó por encuentros, como él se decía, “para dar mantenimiento al cuerpo”.
Al inicio, una foto de la adorable ninfa llamó particularmente su atención, posteriormente fueron los últimos videos publicados en donde la candente mujer se mueve con increíble sensualidad. En esa primera imagen ella aparece sentada en el piso, con una minifalda tipo escolar y unas botas. Se la imaginaba e intuía que en la vida real de los encuentros ella sería así, un volcán de sensualidad. ¡Y le sobraba razón!
Finalmente, durante el último diciembre y de manera un tanto inesperada, se dieron las condiciones en las que ambos coincidieron. Los detalles como hora, anticipo, lugar, fecha, etc., serán omitidos. Baste con señalar que nuestra dama envió casi de último momento un mensaje a nuestro personaje en el que le hizo saber de un retraso pidiéndole modificar la hora.
Nada que no pudiera solucionarse, y así él tuvo el tiempo de detenerse en algún lugar donde compró un pequeño detalle para la preciosa. Recordó con agrado cómo ella siempre respondió amablemente y con soltura a los múltiples e innumerables mensajes que él le enviaba solicitándole su disponibilidad, horarios, etc., a lo largo de los últimos tres o cuatro meses pues, como ya se ha dicho, surgían dificultades para viajar hacia ella.
Bueno, démonos prisa, no vaya a ser que ella llegue primero.
Qué llego en 11 minutos, qué en 5, que… la espera se prolonga no demasiado, pero lo suficiente para hacer crecer la expectativa y la excitación de los nervios, de los nervios y de algo más. De repente le parece escuchar el ruido del ascensor que se detiene y, no pudiendo o no queriendo impedírselo, se asoma por el visor de la puerta y ve, la ve.
A través de la lente le parece que una de las fotos ha cobrado vida y se acerca y toca a la puerta. Pero no quiero una imagen, pensó, deseo a la mujer de carne y hueso. Y así fue.
Ojos claros, una sonrisa encantadora, un tono de voz seductora, sus piernas largas y blancas, labios carnosos. Hay un hola con un “hola” y con un beso, luego uno o dos más.
- Pero tú no eres la de las fotos, dice él - ¿Por qué estoy más guapa? Responde ella, comprendiendo inmediatamente el sentido de las palabras
- No sólo más guapa sino preciosa.
Se sucede una serie de besos, de esa unión de los labios que merecen ser llamada besos, y de tocamientos a lo largo de su escultural cuerpo. Después de este breve pero ya intenso intercambio de ardores, dice ella:
- Me voy a poner más cómoda. Traje una vela-.
¡Qué lindura de mujer! Quiso poner un ambiente acorde a la ocasión.
Mientras se retira la gabardina él le anuncia que tiene un pequeño presente para ella, nota su entusiasmo y le dice espero que sí te guste. Ella agradece y le toma una foto, días después él descubre con agrado la foto publicada.
Después de encender la vela continúan los besos (hay que insistir en que son besos exquisitos, con pequeñas mordidas de labios y de lengua); sentado sobre el sillón tántrico él la tiene frente a sí, rodeando su cintura y besándole su tibio vientre (risas de ella por las cosquillitas), la voltea para admirar y tocar su lindo trasero lo mismo que ese enigmático punto en medio de sus piernas. Largo, largo y excitante es ese momento que nos conduce a lo siguiente.
- Quítame las botas, pide ella-
- Con todo gusto-
No solamente le quitó las botas sino algo más, y ya sobre la cama todo se intensifica, todo y los gemidos de ella van en aumento, ella no para de decir “¡qué rico!” Y es que él la tiene tendida boca abajo, primero para contemplar todo lo largo de su cuerpo, luego para besarle el cuello y soplar sobre sus oídos, va mordiendo su espalda, arañándola justo para sentir placer y producirle placer, de pronto mordidas y ... y más abajo, no deja de pasar sus libidinosas manos por su espalda y piernas y así hasta llegar a ese increíble punto donde termina la espalda e inicia el cielo.
Le pide que se voltee y continúan los ardientes besos de amantes, saborea el dulce sabor de sus labios y de sus rosados pezones, pasa su lengua con rápidos movimientos sobre un pezón mientras oprime el otro entre sus dedos. Ella siente un susurro en su oído: tus pechos son ánforas de miel”. Ambos, ella y él, ya no tienen brazos, tienen serpientes sedientas de placer que se entrelazan con frenesí. En medio del furor él dice:
- Te siento, te huelo, te aspiro, te devoro como si fuera un caníbal, ella ríe.
Tuvieron la impresión que habían robado un segundo a la eternidad, tal era su entrega al placer sin reparos.
De vez en vez, él le tiraba los cabellos y escuchaba un “ah” y le daba nalgadas y golpes en las piernas y nalgas, nunca para lastimar a la bella ninfa. Al tocar, besar y morder sus nalgas él exclama: “¡Ni la luna llena tiene la redondez de tus nalgas”!
En un momento esta preciosidad de mujer le pidió algo que él no se esperaba, que pusiera su pene así tal cual, sobre su cuerpo, primero por delante, luego sobre sus nalgas, y a todo esto siguió el momento cumbre del éxtasis, glorioso e intenso ¡qué placer y qué sensación tener a una mujer entregada al placer, abierta a dar y recibir placer! Las venas de ese estético y sensual cuerpo destilaban lujuria y placer. Parecía que no sólo habían robado un segundo a la eternidad sino también un centímetro al cielo.
Después de la tormenta llega la brisa. Momentos tiernos de conversación abrazados el uno a otra. Algunas pequeñas confesiones o al menos comunicaciones bastante personales como para ser publicadas aquí pues no se sabe hasta que punto ella estaría de acuerdo. Y de entre la conversación ella dice en tono como de pedir permiso “¿Puedo dar besitos a tu pene?” Él había perdido la noción del tiempo, pero calculaba que se había, o se estaba llegando, al límite del tiempo acordado. Nunca supo cuánto tiempo transcurrió ni quiso hacer cálculos.
Lo maravilloso es que ese segundo eterno robado continuaba con vida y ella, con su arte erótico le resucitó el músculo del amor y así le pidió ponerse frente al espejo y ser poseída en cuatro. Y nuevamente la delicia de sentir el tibio cuerpo de la hermosa ninfa, su piel, sus nalgas rebotando contra sus muslos, y esa espalda y…
Se encuentran ahora bajo la ducha, por momentos se abrazan y se besan, ahora brevemente y por tercera vez ella lo sorprende pues a partir de aquí y hasta el último momento ella dice continuamente “gracias” con un tono que está muy lejos de la diplomacia y de la simulación. “Es que me tratarse caballerosamente”, “fuiste muy caballero” a lo que él pregunta “cómo no tratar caballerosamente a una mujer tan preciosa”.
Y es que no es solamente preciosa por su físico sino también por el trato que ella misma obsequia. Llegado el momento de vestirse ella cae en cuenta que no había pedido su regalito al inicio “yo creo que me diste confianza, por eso no pensé en pedírtelo” Es linda hasta el último detalle.
Aparte de los recuerdos sensuales y eróticos él quiere conservar algo más de ella, le pide entonces tomarle unas fotos. Nuevamente una agradable sorpresa: “quiero unas fotos con tu camisa”. Al igual que la del obsequio estas fotos de ella con la camisa de él fueron publicadas pocos días después. Beso de despedida. Ella sale de la habitación.
Ella sale de la habitación. Él demora unos instantes más, oprime el botón del ascensor que viene de arriba, las puertas se abren y hete que ella está ahí, primorosa y bella. Ríen. Ella había oprimido el botón equivocado. Nuevos agradecimientos y el último beso de despedida. ¿El último?
Hemos narrado aquí este encuentro entre una mujer y un hombre de acuerdo a lo que se sabe al respecto. A ella no podemos interrogarla, pero tal vez a nuestro personaje sí. Tal vez pueda respondernos a la pregunta ¿En esta crónica, hemos sido leales o hemos traicionado en algo la historia de tu encuentro? Dinos.
Narrador, si bien no has dicho todo lo sucedido sino una buena parte, lo que has dicho ha sido justo y fiel. No tengo nada más que añadir, excepto que las líneas de esta mujer (parecieran trazadas por Miguel Ángel), su encanto y su aroma, su risa y su mirada, su sexo y alma, trazan muchas vías, muchos caminos y todos, todos ellos conducen a un sólo y mismo lugar:
¡Todos los caminos conducen a ROMA FERRO!